En esta sección repasaremos la historia general de Otiñano, cómo entró a formar parte de Torralba así como los edificios más históricos de la localidad y el valor histórico que tienen cada una de sus partes (a la derecha, Edificios emblemáticos). No sólo esto sino que también repasaremos las historias míticas relacionadas con la localidad o con personajes relevantes de la localidad. Para ello, si alguien conoce alguna historia que no esté en la sección, puede ponerse en contacto con la web y enviárnosla para insertarla aquí. Puede hacerlo a través del foro o del correo electrónico.
HISTORIA DE OTIÑANO
Desde la prehistoria hasta la época moderna actual el lugar donde se encuentra Otiñano ha ido evolucionando quedando en el camino las historias, vestigios y leyendas de varias épocas y personajes relacionados con el lugar.
La región actual de Navarra fue ocupada por los Baskones y Várdulos, los que vivieron en absoluta incomunicación con romanos y cartagineses durante sus contiendas. La parte meridional de la Baskonia fue muy adicta a Sertorio. Pompeyo recorrió el país con su ejército y fundó Pompeyópolis o Pamplona. Los vascos permanecieron tranquilos durante el Imperio y siguieron independientes durante la época visigótica, pues la historia cita varias expediciones de los Visigodos contra los vascos.
Tampoco los árabes pudieron dominar el país, y ya en los primeros tiempos de la reconquista parece iniciarse la confederación de los pueblos en un estado, siempre independiente, gobernado por reyes.
A partir del año 956 (siglo X) comienza propiamente la historia de Navarra, época en que aparece el reinado de Sancho Abarca, apodo que se le dio porque estando al otro lado del Pirineo, los moros acometieron a Pamplona y, estando los montes cubiertos de nieve, proveyó a sus soldados de abarcas de cuero para que pudiesen trepar por las sierras y acudir a tiempo de salvar a Pamplona. Posteriormente abdicaría en su hijo García III el Trémulo, seguido de Sancho III el Mayor aumentando por su esposa sus dominios en Francia, Aragón y León. A su muerte se repartió el reino para sus tres hijos quedando el reino de Navarra a su hijo García. Durante varios siglos se sucedieron las disputas y guerras entre los dirigentes de Castilla, Aragón y Navarra.
Bajo el reinado de Teobaldo II se conoce la existencia de Torralba del Río, por lo menos desde 1262, antiguamente denominada “La Torre”. Siendo éste, Teobaldo II, quien repobló y aforó a sus moradores con los fueros y costumbres de los francos de la Rúa de San Martín de Estella en 1236. Siguió el partido del Príncipe de Viana, quien reconoció su fidelidad y le dio el título de “Buena Villa”, con asiento en Cortes, en 1456. Hay que hacer notar que antiguamente existían siete poblados diseminados por el término actual, entre ellos Bañano, la Concepción, Yeta, Cabañas, Codés, Eregortes. En la Edad Media acabaron agregándose y formando la actual Torralba. En el libro del Rediezmo de 1268 aparecen por última vez mencionadas las aldeas de Bañano, Cabañas y Codés. Desaparecidas ya en los censos del siglo XIV.
Durante estos años Otiñano seguía siendo una aldea con la categoría administrativa de lugar perteneciente al valle de la Berrueza. Conforme pasaron los años se quedó despoblado el lugar.
Mientras en el reino, a partir de 1388 sucedió en la corona Carlos III el Noble, que dejó la corona a su hija Blanca (1425), viuda de Martín de Sicilia y unida en segundo matrimonio con Juan de Aragón. Muerta Blanca, su hijo primogénito Carlos, príncipe de Viana, era heredero del trono, pero sólo uso el título de Lugarteniente para gobernar. Habiendo querido hacerlo con más independencia, provocó la guerra civil entre agramonteses partidarios de Juan II (el padre) y beaumonteses partidarios de Carlos (hijo), príncipe de Viana. Carlos fue vencido y preso dos veces. La primera vez debió la libertad a las Cortes Aragonesas y la segunda a los catalanes que lo proclamaron Conde de Barcelona. Murió Carlos al poco tiempo y siguió reinando Juan II hasta 1479. Cuando tomó el reino por el periodo de un mes la princesa Leonor hermana de la madre de Carlos.
En esta guerra civil en la que Torralba apoyó al Príncipe de Viana, de ahí a que Don Carlos dotara a los torralbeses de numerosos privilegios, les eximió del pago de impuesto (fosadero y horno), agregó a su término el despoblado de Otiñano y Erregortes (1456), le concedió el título de Buena Villa con asiento en las cortes, les eximió de impuestos y les concedió una feria anual de siete días por San Bartolomé. El término de Erregortes, aldea que hacia 1500 quedó despoblada definitivamente hasta hoy, trasladándose los últimos habitantes a Espronceda o quizá también a Torralba. Así años más tarde Leonor de Navarra, gobernadora de la parte occidental de Navarra (hermana de Blanca, madre de Carlos, príncipe de Viana) confirmó la adscripción perpetua del despoblado a Torralba en 1466, aunque Otiñano volviera a repoblarse, cosa que acabó sucediendo. Y es desde el siglo XV que Otiñano dejó de pertenecer al Valle de la Berrueza para pasar a formar parte de la Villa de Torralba, estando despoblado, y hasta hoy sigue siendo así.
Otiñano ha permanecido a lo largo de la historia en las faldas de la Sierra de Codés (Ioar 1.414 metros). Es la última gran barrera montañosa de Navarra sobre la depresión del Ebro. Su posición estratégica explica la importancia que tuvo en el medievo, cuando el cauce de aquel río hacía de frontera con el vecino reino de Castilla. Ya en el siglo XII, el cinturón rocoso que forman las sierras de Codés y de Toloño (o sierra Cantabria), fueron utilizadas por Alfonso el Batallador como bastión defensivo frente a los árabes. Luego, los permanentes conflictos entre las coronas Navarra y castellana, mantuvieron el carácter fronterizo de estos territorios que vivieron en alerta casi permanente desde el siglo XII hasta el siglo XVI.
Entonces, los principales puntos defensivos de esta zona de Navarra eran la plaza fuerte de Viana, que vigilaba el cruce principal del Ebro por el camino actual de Pamplona a Logroño; y Torralba del río villa refundada y amurallada en el siglo XIII que organizaba la defensa del valle de Aguilar.
En este rincón de Navarra había además dos atalayas vigilantes: una en la peña de Lapoblación, dónde estaba el castillo de Marañón, que vigilaba el límite entre Viana y Logroño, y otra en la peña de la Concepción, que guardaba el paso por las faldas de Codés. Esta última atalaya perteneciente a Torralba del Río se conocía tradicionalmente como castillo de Malpica o de Punicastro. Zona que hoy en día se puede apreciar a lo lejos desde Otiñano y se puede subir desde la cara de la peña de Otiñano.
“Más que castillos, los de Marañón y Punicastro eran una especie de fortines militares, que representaban y defendían la autoridad de los soberanos navarros, y controlaban el paso de bienes y personas”, señala el antropólogo Iñigo J. Esquívela en un artículo dedicado al cinturón de piedra de Sierra Cantabria. “Sus retenes eran muy vulnerables por su aislamiento y porque necesitaban ser avituallados periódicamente”.
El valor histórico de las guarniciones era tan modesto que apenas ha dejado restos documentales. De hecho, ni siquiera los expertos medievalistas han oído hablar de estas pequeñas fortalezas. Sin embargo, la memoria popular ha generado leyendas y tradiciones que evocan con gracia y verosimilitud lo que fueron aquellos peligrosos escenarios ligados a las fronteras medievales.
A partir de 1510 el Duque de Alba incorpora definitivamente el reino de Navarra al de Castilla, años más tarde Otiñano, que seguiría perteneciendo a Torralba del Río, comenzó a poblarse. Hasta llegar a nuestros días.
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