LEYENDAS DE BANDIDOS
Como recogen Mª Inés Sainz y Ángel Elvira en un libro de historias y leyendas de Torralba del río, Codés y Otiñano, la banda de Juan Lobo se formó en el señorío de Cábrega a principios del siglo XVI. “Entonces, Navarra se encontraba inmersa todavía en una sangrienta guerra civil entre beaumonteses, partidarios de mosén Pierres de Peralta, y agramonteses, partidarios del conde Lerín”, y el bandido aprovechaba la circunstancia para vincularse a uno u otro según su conveniencia.
Además de asaltar a caminantes, y de robar las cosechas, Juan Lobo y su cuadrilla protagonizaban acciones tan atrevidas como “encerrar a los vecinos del pueblo en la iglesia, aprovechando la hora en que estaban todos en misa”, para saquear así en las casas a placer; o “raptar a una mujer del valle de la Berrueza para que les hiciera la comida”.
Tan hartos estaban en la zona de las fechorías de Juan Lobo, que un día los vecinos de Torralba del Río, Mirafuentes y Otiñano acordaron juntarse para buscar al bandido y acabar con él. La batalla principal tuvo lugar en un lugar conocido como Valdemadre. Allí, fue muerto el bandido de una lanzada propinada por mosén Pedro, de Mirafuentes, un día de San Juan del año 1523. Junto al capitán de los bandidos, en aquella acción murieron también el resto de forajidos que le acompañaban.
De regreso a Torralba del río, los miembros de la cofradía de los ballesteros de San Juan Bautista (pequeño grupo armado de la villa) se juntaron a toque de campana junto a una balsa que hay en una de las entradas de la villa amurallada, y tras pasar lista y comprobar que no faltaba ningún cofrade, comenzaron a bailar para celebrar su alegría por el buen resultado de la partida.
Esta leyenda y sus variantes son el eje de una curiosa representación popular que se celebra todos los años durante las fiestas patronales de Torralba del río, por San Juan (ver más información www.torralbadelrio.org).
Según la tradición, Juan Lobo y su cuadrilla tenían un refugio en una cueva que hay en la cara norte de la Peña de la Concepción (1.093 metros). Este refugio en forma de cueva se le ha llamado la “Cueva del moro” en Otiñano. Esta cumbre rocosa está situada en el castillo extremo oriental de la sierra de Codés, y casi coincide con el emplazamiento del antiguo castillo de Malpica (o Punicastro). Al lado de éste en la cara que da a Otiñano y la Berrueza se encuentra esta cueva.

El acceso se realiza por una senda desde Otiñano, esta cueva está en la cara norte que da a Otiñano y se ve a lo lejos desde el pueblo sin poder discernirse con claridad.
Del castillo de Punicastro, situado en lo alto de la peña, apenas existen hoy vestigios arquitectónicos. Sólo dos muescas y un pequeño vano labrados en la roca, apoyan la tradición de que allí (junto a una cruz de hierro colocada recientemente) estuvo la campana del fortín. Al parecer si desde el retén se apreciaba algún peligro se avisaba a los de abajo tocando el campanillo. Algunos piensan que la denominada “Cueva del moro” por la gente de Otiñano dónde se refugiaba el bandido Juan Lobo y sus secuaces pudo ser una cueva prehistórica debido a su
forma.
HISTORIA DEL ABAD DE OTIÑANO Y EL BRUJO DE BARGOTA
L a historia de la brujería relacionada con Bargota, data del Siglo XVI. En aquella época hubo un personaje llamado Johannes Juanis, que tenía poderes y habilidades para la brujería, desde entonces se le llamó “El brujo de Bargota”.
Johannes Juanis, nacido en la segunda mitad del siglo XVI, estudió en Salamanca la carrera eclesiástica. En una dee las cuevas de Salamanca se inició en las artes de la brujería. Alcanzó el grado de clérigo, y se trasladó a su villa natal de Bargota (Navarra). Se contaba que Johannes Juanis, después del oficio divino matutino, se montaba en una nube, cubriendo su cuerpo con una capa que le hacía invisible y se trasladaba a las orillas del Ebro o a los montes de Oca cuando había Akelarre. Su fidelidad al clero le hacía despreciar ciertas prácticas brujeriles. Denunciado en 1599 a la Inquisición a raíz de una práctica sangrienta, confesó acudir a un akelarre en Viana y fue condenado en un auto de fe los días 7 y 8 de noviembre en Logroño en 1610. Arrepentido sinceramente utilizó el resto de sus días en penitencias, murió años más tarde.
Eran sonados los enfrentamientos entre el Brujo de Bargota y el abad de Otiñano. Según cuenta la leyenda, era un quince de agosto, la Asunción de Nuestra Señora a los cielos, fiesta grande en el Santuario de Codés. A las diez de la mañana, Misa solemne que celebra el abad de Otiñano.
Al saludar al público, el abad ve al brujo de Bargota recostado en uno de los confesionarios de las naves laterales. No puede disimular la sorpresa y llama al monaguillo. “Dile a ese hombre que salga de la iglesia inmediatamente, que no voy a celebrar la misa delante de un brujo.”
Johannes Juanis no se inmuta y con el monaguillo le devuelve su respuesta. “Dile al señor cura que Juanis es también católico y que sabe cumplir con el deber de oír misa y de rezar a la Virgen. Que siga en paz o, de lo contrario, se acordará de mi y de esta día santo.”
El abad de Otiñano continuó la misa nervioso e intranquilo. A cada saludo se repiten las amenazas.
<<Al orate. Frates>> del ofertorio, el abad no aguanta más y se retira a la sacristía. Johannes Juanis, tranquilo y sereno cruza la nave de la iglesia, entra en la sacristía y, sin más palabras, coge al abad, se lo echa a los hombros y, en un santiamén, se lo lleva volando hasta las peñas de las dos Hermanas.
“¿No te avisé que si interrumpías la misa ibas a acordar de mi y de este día, terco más que terco?”- dice el brujo, sentado ya sobre una de las grandes piedras. “Pues aquí te vas a quedar para que todos te vean y se enteren de una vez por todas que con Johannes Juanis no se juega.”- dijo el brujo.
Y dicho y hecho. Levantó al abad sobre sus hombros y, como si fuera un haz de alfalfa, lo arrojó de cabeza peña abajo. Rebotó el abad en uno de los salientes que encontró a su paso y quedó de pie. Allí sigue hasta hoy. Todos podemos verlo. En la peña más baja de las dos hermanas hay, grabado con líneas toscas, un sacerdote vestido con casulla en actitud de decir Dominus vobiscum.
HISTORIA DEL OBISPO FERNÁNDEZ DE PIÉROLA
En Otiñano nació este obispo (ver biografía en la sección personas de esta web), que llegó a ser uno de los más importantes y ricos de España en el siglo XIX. Amante de su pueblo, siempre tenía en mente a Otiñano, nunca lo olvidó, y acudía temporadas enteras a la casa paterna, a su casa, junto con su hermano clérigo, inseparable, Domingo. Cuentan que una vez de camino al pueblo el carruaje en que viajaba y él acabaron en el fondo de la poza del molino, que se encontraba a la entrada de Torres del Río. Con tal mala suerte que perdió el anillo e hizo vaciar el pozo hasta que apareció la sortija, después siguió su viaje hasta su pueblo, Otiñano.
LA FUENTE DE LOS NENES
Subiendo a «la llana» por el puerto, a la izquierda, hay una fuentecilla llamada «la fuente de los nenes». Todos han oído hablar de ella pero muy pocos la conocen. Para llegar hasta el manantial, hay que cruzar pasos muy peligrosos y escarpados. Allí está, sin embargo, casi a 1.400 metros de altura, sobre la roca viva. Unos dicen que la encontró un pastor de Torralba, perdido entre aquellos precipicios y barrancos. Otros aseguran que fue revelada por un ángel a un niño a punto de morir de sed.
Pero la verdad de la historia es muy diferente. Con motivo de las fiestas de Santa Cruz, mucha gente de Torralba y de otros pueblos del valle, cruzaban la peña por el puerto. A comienzos de diciembre, anochece a media tarde y a veces la niebla y la nieve hacía muy difícil el regreso.
No se sabe por qué, una mujer en estado de buena esperanza hizo el viaje sola. Lo cierto es que entre la niebla y la noche se perdió por el camino. Cobijóse como pudo a los pies de una gran peña que desde entonces se llama la «peña de la mujer» y dio a luz un hermoso niño.
Cuando pudo levantarse, buscó agua para lavar los pañales de la criatura y calmar la sed. En medio de aquella desolación, ¿a dónde podía dirigirse? Anduvo y anduvo por entre aquellas peñas tan escabrosas hasta que encontró una fuentecilla. 
Desde entonces se conoce la fuente y se le llama «la fuente de los nenes». Hoy en día el lugar se encuentra señalizado, tal y como se ve en la ilustración y tiene pequeñas agarraderas de hierro para poder escalar hasta el manantial.
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